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El Atlas del Mercosur reúne una serie de mapas, que muestran la organización de los territorios en este gran espacio económico que comprende Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y a los cuales se asociaron Chile y Bolivia. A diferencia de las representaciones usuales, generalmente limitadas a un solo país, el Atlas del Mercosur tiene la ambición de mostrar fenómenos binacionales o multinacionales, que concernien tanto a los Estados en su integralidad, como a las ciudades o las regiones del conjunto.
Jurídicamente, el Mercosur consiste en un mercado común, en el cual bienes y capitales, deberían poder circular sin trabas. En ese sentido, se acercaría a otras organizaciones americanas tales como la Comunidad andina y a zonas de libre cambio, como el Alena que constituye, bajo el mandato de Estados Unidos, un potente par para el Mercado Común del Sur. Sin embargo, tras el voluntarismo político de sus comienzos, esos conjuntos económicos han a menudo encontrado dificultades para funcionar. Produciendo bienes semejantes, los Estados latinoamericanos intercambian menos con sus vecinos que con el resto del mundo, además han tenido diferendos fronterizos o ideológicos y rivalidades geopolíticas, que fueron impidiendo el fortalecimiento de los conjuntos plurinacionales, pensados inicialmente a partir del modelo de la Unión Europea. La originalidad del Mercosur es que reúne dos grandes potencias del continente - Argentina y Brasil – cuyas economías presentan reales complementariedades, aún cuando la competencia no está ausente en ciertos sectores. Representa un mercado de más de 200 millones de habitantes pudiendo, él solo, justificar implantaciones económicas. Es rico en múltiples recursos naturales – gas, petróleo, minerales de todos los géneros, productos agrícolas – y fuerte en población diplomada, formada por algunas de las mejores universidades del continente. El acercamiento político entre Argentina y Brasil representa un giro en una historia diplomática, marcada más por el enfrentamiento, que por la cooperación. Por lo tanto, parecería inaugurar una nueva etapa en las relaciones diplomáticas entre los países, y también en su rol en las instancias internacionales como las Naciones Unidas, o incluso en sus relaciones con sus vecinos. Finalmente, este acercamiento no se limita a los Estados: hoy, empresas, municipalidades, universidades, sindicatos, toman más en cuenta los socios del país vecino. Sin ellos, la integración anhelada por los Estados permanecería palabra muerta. Es en este contexto que evolucionan hoy, los territorios de los países del Mercosur: las implantaciones industriales son concebidas a escala de ese gran mercado, las políticas de gestión urbana son objeto de intercambios entre las municipalidades de los seis países asociados, las vías de comunicaciones ya no se realizan dentro de una dimensión nacional sino que son pensadas en función de las perspectivas continentales. El Atlas del Mercosur presenta así en su primera parte la organización de un gran espacio a través de una serie de mapas que muestran fenómenos a escala de los países asociados, olvidando provisoriamente las fronteras. Es a esta escala que se puede ver cómo se estructura el Cono Sur del continente latino-americano, percibir los contrastes, notar los puntos de fuerza donde se concentran la población y las riquezas y también las zonas de debilidad, marcadas por la pobreza o el aislamiento. En la perspectiva de una integración entre los Estados, no hay que perder de vista los contrastes internos en cada uno de ellos, dónde se presentan zonas de fragilidad o regiones problema de devenir incierto. Esos datos son esclarecidos en el análisis geo-histórico que muestra la formación de ese gran espacio desde la época colonial. La segunda parte se interroga sobre las dinámicas de integración y pretende evaluar la realidad de un proceso muy presente en el discurso. En ella se estudian así las redes que conectan los países del Mercosur y facilitan los intercambios, las actividades económicas que presentan o no complementariedades y finalmente, se examinan los espacios de las instituciones gubernamentales o no gubernamentales que hacen vivir la integración a diferentes escalas. La tercera parte esclarece las relaciones entre Mercosur y mundialización. Sobre estos, dos fenómenos habría que preguntarse si bien responden a lógicas coherentes o a lógias contradictorias. En efecto, si el acercamiento entre los países facilita las circulaciones económicas internas, limita también los intercambios con el resto del mundo. El rol de los puertos, pivots en los intercambios con el resto del mundo y portales de grandes itinerarios transcontinentales, debe ser evaluado en esta perspectiva. Es también en relación con otros grandes conjuntos comparables que se puede intentar comprender las especificidades del Mercosur. Finalmente, la cuarta parte trata sobre la evolución de los territorios locales y regionales dentro del nuevo contexto geoeconómico. Las grandes metrópolis se benefician plenamente del proceso de construcción de un gran mercado que extiende sus horizontes económicos, aún si esto amplifica la competencia entre ellas. Este fenómeno resulta aún más pronunciado para las ciudades secundarias, ya descentradas, ya carentes de infraestructuras de buen nivel, pues las mismas deben prepararse para reclasificar o imaginar estrategias originales de desarrollo. Inversamente, las periferias de los territorios nacionales pueden ver el incremento de los flujos que las atraviesan tras la creación de nuevas infraestructuras. Ellas devienen espacios de articulación entre los territorios nacionales, marcados por dinámicas originales. Aunque también quedan espacios periféricos que deben reaccionar a las dinámicas de reacercamiento o de integración, ya que no han sido pensadas en función de sus características específicas. Encuentre el plano y su comentario en la segunda parte del Atlas |
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